Esta tarde eh vuelto a uno de los lugares más típico de
Valparaíso,
un restaurant pequeño y popular con decoración pintoresca,
hace tres años que voy desde que comencé a chapotear en las tibias
y movidas aguas del chile moderno,
está claro
que ya no me siento ni turista, ni extranjero,
ni excesivamente maravillado por tanto exotismo.
Lo que no se siente mas no es por tanto que ha desaparecido,
sino que se diluye lentamente para transformarse en algo de sí mismo.
Estos lugares son también los míos,
porque me convertí en un elemento local. Ciertamente un Franchute que habla mal y fuerte, cierto un gringo que hace mil cosas ya que anda de un lado para el otro, un día con cuadros al día
siguiente con tubos de cartón y así todos los días.
¡Y como si fuera poco en ocasiones sale en el
periódico!
La sensación de exotismo
desapareció, es que tal vez en cierta medida me convertí en algo exótico.
Pero para eso tendría que volver atrás para poder evaluarme con una mirada neutra, algo imposible e
inútil.
¿Pero quien observa a
quien?
Valparaíso es una gran urbe, pero la
esencia de Valparaíso es como un solo pueblo, donde todos se conocen y todo termina por saberse.
Yo también participo a este intercambio de informaciones y experiencias.
¿Pero quien observa a quien?
Los arboles con tanta visión
me observan aprovechar su sombra.
Cada día
que pasa tengo la sensación de hacer parte del paisaje local, lo único que faltaría seria que los turistas me sacaran fotos diciendo mira cariño es
un chileno típico de Valparaíso con barba y pelo largo.
Debo reconocerlo que hago parte del paisaje local porque cada vez más la gente me saluda en la calle, me conversa (sin
ninguna duda para hablar de mi).
Yo solamente
decidí quedarme y hacer lo que quiero o puedo hacer...
nada más.
Me entrevistaron para saber cómo y porque estoy aquí y que pienso de chile, los chilenos y
Valparaíso.
Y a mí como me gusta hablar, dar
consejos y ser él sabe lo todo. Me pongo a soñar de un chile con educación gratuita, mujeres con más oportunidades y libertad, una política social y de salud digna de este nombre, una justa e
equitable repartición de la riquezas, derecho al aborto, mayor acceso a los métodos anticoseptivos, una real separación de la iglesia y el estado, la erradicación del opus deis, la
nacionalización total de las minas de cobres, universidades y zonas portuarias. Más poder y dinero para las organizaciones sociales y también un cambio total de la constitución.
Y luego me doy cuenta que no sirve de nada contarles todas estas cosas a los chilenos, porque necesitan tiempo y coraje antes de emprender tantas reformas que tal vez no le convengan.
No, definitivamente es mejor que continúe a fundirme en la masa y el paisaje si exigir mi parte y aceptar sus defectos como sus cualidades, este país que me acogió y me quiso y no me envió en el primer avión de vuelta Francia.
Chile que entra en un gran proceso de regularización de
inmigrantes ilegales y que es más acogedora que Francia la cual en una investigación reciente muestra que se seria un país de emigración es por esto que cada vez más de jóvenes dejan el país de
Voltaire. Dejar Francia no sería entonces una estupidez, ni utopía, ni el hecho de una caso aislado,,, jóvenes que encuentran mas fácil trabajo en el extranjero, otros que ya están artos del
ambiente nefasto de Sarkozy, otros que sienten que son menos racistas en Canadá o en otros países que en Francia.
"Dulce Francia, querido país de mi infancia..."
tú hablas...
Sientes el abandono en ti mismo,
el populismo el miedo;
y tu esplendor
opacado,
y yo me fundo lentamente en los
muros de Valparaíso, buscando en ocasiones otros franceses dispersos en el otro hemisferio.
No estoy aquí para estar con
franceses
no estoy aquí para ser
francés
no estoy aquí para
distinguirme
no estoy aquí para ser molestado
ni ver pasar el tiempo
solo estoy aquí por no
estar en otra parte
en Valparaíso vivo...... que tarea.
[traduccion de Juan Antonio Cortes Rojas, de un texto en frances AQUI
]




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